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Mujer y Desarrollo

Las indígenas de Guatemala pueden poner en problemas a las multinacionales de la minería.

El precedente que podría sentar el desafío legal de estas indígenas maya kekchí asusta a los grandes intereses mineros de Canadá

∗Piden responsabilidad a la matriz canadiense por los ataques, desalojos forzosos y violaciones cometidos por la filial local

 

En el piso 20º de una torre de oficinas en el corazón del distrito financiero de Toronto, la falda tejida a mano y la blusa rosa brillante y bordada de Irma Yolanda Choc Cac contrastaban con los trajes de los abogados que la escuchaban describir el día más difícil de su vida. Era la primera vez que Choc Cac salía de Guatemala.
La historia que ella y otras 10 mujeres mayas kekchí habían ido a contar estaba en el centro de un enfrentamiento legal entre los pueblos indígenas y una corporación multinacional que podría sentar un importante precedente. Un desafío que tiene asustada a la gigantesca industria minera de Canadá.
Su caso se centra en demandas por hechos ocurridos en 2007, cuando las mujeres dicen que cientos de policías, militares y empleados privados de seguridad vinculados a una minera canadiense bajaron a la apartada aldea de Lote Ocho, en el Este de Guatemala.
Según los documentos judiciales, los empleados de seguridad habían incendiado unos días antes docenas de hogares para forzar a los aldeanos a abandonar sus tierras ancestrales.
Violaciones sistemáticas
El 17 de enero los hombres estaban en los campos ocupándose de los cultivos de maíz y cardamomo. Las mujeres habían quedado solas. Las 11 dicen haber sido violadas repetidamente por los hombres armados. Cuando fue secuestrada por los hombres, entre los que había uniformados, Choc Cac estaba embarazada de tres meses y acompañada por su hija de 10 años. Doce hombres la violaron, dijo. Más tarde sufrió un aborto espontáneo.
Las mujeres vinculan la violencia con la cercana mina Fénix, una de las reservas de níquel más grandes de Centroamérica, y con la subsidiaria guatemalteca que supervisaba las operaciones. En ese momento, la filial estaba controlada por Skye Resources, con sede en Vancouver. En 2008, Skye fue adquirida por Hudbay Minerals de Toronto, que en 2011 vendió la mina a una empresa rusa.
Un equipo de abogados de Toronto utilizó la conexión canadiense para presentar demandas civiles contra la matriz en Canadá posteriormente adquirida por Hudbay. El argumento es que la matriz fue negligente a la hora de controlar lo que hacía su subsidiaria guatemalteca.
Estas demandas podrían convertirse en un precedente legal para sortear un obstáculo que los defensores de los derechos humanos enfrentan desde hace mucho: la aparente desconexión jurídica entre las multinacionales y las filiales que operan a nivel local en otros países.
Según el abogado Cory Wanless, de Klippensteins Barristers and Solicitors (el bufete de Toronto que representa a las mujeres), “estos son algunos de los primeros intentos en la historia legal de Canadá de hacer parcialmente responsable a una compañía minera canadiense por los espantosos abusos cometidos en otro país contra los derechos humanos”.
Un largo proceso
El novedoso enfoque ganó su primera victoria en 2013, cuando un tribunal de Ontario rechazó una solicitud de Hudbay para que se desestimara el caso. Fue la primera vez que en Canadá se concedió acceso a los tribunales a demandantes extranjeros para perseguir a empresas canadienses por presuntas violaciones de los derechos humanos en otros países.
Las mujeres guatemaltecas viajaron a Toronto en noviembre para la fase de instrucción, contestando durante horas a las preguntas de los abogados de la compañía minera. “Es difícil sentarse y enfrentarse a ellos”, dijo Choc Cac a través de un traductor (sólo habla kekchí).”Sentarse frente a los que nos causaron este dolor a mí y a mi comunidad”. En un momento del interrogatorio, se desmayó. “Porque recordarlo todo es como volver a vivirlo todo de nuevo”, explicó con lágrimas en los ojos.
La demanda de las mujeres es una de las tres interpuestas por la comunidad contra Hudbay en Ontario. Las otras dos relacionan a la compañía con la muerte en 2009 de Adolfo Ich Chamán, un activista local, y con un tiroteo que dejó paralítico a un hombre de 28 años. Ninguna de las acusaciones ha sido probada en los tribunales.
Hudbay cuestiona las acusaciones y dice en su página web que los desalojos se llevaron a cabo antes de que ellos tuvieran vinculación con la mina. Según la compañía, los desalojos ordenados por los tribunales y respaldados por el Estado se llevaron a cabo sin incidentes y el personal de seguridad de la mina no estuvo presente.
“Las demandas son por acusaciones muy serias que no reflejan la forma en que operamos”, dijo la empresa Hudbay a the Guardian. La naturaleza sensible de las acusaciones puede hacer que para algunos sea difícil reservarse la opinión, dijeron también. “Sin embargo, esperamos que la gente acepte que los hechos están en disputa, el asunto está ante los tribunales y podemos confiar en que nuestro proceso legal entregue una decisión justa basada en pruebas y testimonios reales”.
El caso está siendo seguido de cerca en todo Canadá, donde tiene su sede más del 50% de las empresas mineras con cotización en los mercados mundiales. Según los datos del gobierno canadiense, estas 1.500 compañías tenían intereses en 8.000 propiedades y más de 100 países alrededor del mundo en 2013.
“Todas las decisiones cruciales de empresas, inversores y políticos que resultaron en estos graves daños y violaciones fueron tomadas en Canadá. Este problema es nuestro. Es un problema muy canadiense”, dice Grahame Russell, de la ONG Rights Action.
Canadá controla la minería latinoamericana
De acuerdo con un informe de 2014 del Consejo de Asuntos Hemisféricos de Washington, las corporaciones mineras canadienses controlan entre el 50% y el 70% de la industria minera latinoamericana, lo que las sitúa en la primera línea de un sector tradicionalmente vinculado con violaciones de los derechos indígenas y con la falta de cuidado por las reservas naturales. Las Naciones Unidas también han criticado a las empresas mineras canadienses, y pedido a las autoridades que regulen mejor el sector.
Para Wanless, es poco probable que las demandas contra Hudbay lleguen a los tribunales durante años. Pero ya sirvieron para allanar el camino en casos similares, incluyendo una impugnación legal que vincula a una empresa con sede en Vancouver acusada de esclavitud moderna.
“Estamos realmente esperanzados de que este sea el comienzo de una tendencia”, dice Wanless. En su opinión, la fuerza y el valor de las 11 mujeres detrás de la demanda han dado lugar a un nuevo precedente que podría cambiar el comportamiento de las empresas en todo el mundo. “Lo bueno es que envía un mensaje a todas las demás compañías mineras: si algo como esto sucede mientras usted estaba a cargo, puede ser demandado. Estas guatemaltecas vinieron a Canadá y cambiaron nuestra ley para mejor”.
Traducido por Francisco de Zárate

Visto en eldiario.es

Estos puntos son donde las mujeres sufren más acoso sexual en la ciudad de Guatemala

   Un estudio divulgado el miércoles de esta semana estableció que en seis espacios públicos de la ciudad de Guatemala las mujeres son más vulnerables a ser víctimas de asedio sexual. Además, el informe determinó que el 100 por ciento de las entrevistadas han sufrido alguna vez de acoso.
El estudio, elaborado por ONU Mujeres Guatemala y la Dirección Municipal de la Mujer de la comuna capitalina, midió por primeva vez el acoso sexual y sus diversas formas de manifestación.
Las mujeres que se movilizan en el transporte público de pasajeros son las más propensas a ser víctimas de asedio sexual, revela un estudio.
Estos son los resultados que muestran los puntos en donde se da más este flagelo:
48% en autobuses
14% en las estaciones
12% en parques
11% en calles
8% en pasarelas
7% en mercados
Las mujeres jóvenes representan el 74 por ciento de víctimas de acoso sexual. Las adolescentes son el 30 por ciento, niñas el 27 por ciento y estudiantes el 17 por ciento.
El informe detalla que en la capital, cinco de cada 10 mujeres se sienten inseguras al caminar sola por la ciudad durante el día. También se estableció que siete de cada 10 consideran que no deben tener limitaciones para caminar por las noches en la vía pública.
De estos tipos de acoso hablaron las mujeres en el estudio:
29% comentarios sexuales por apariencia y cuerpo
18% tocamiento del cuerpo
17% roces
10% silbidos
9% miradas lascivas
6% exposición a masturbación
5% exhibición de genitales
3% fotografías de su cuerpo
2% besos al aire
2% bocinazos
2% acecho
Preocupación
“Los hallazgos de acoso sexual en la capital son evidencias de alarma para implementar acciones. Hay que diseminar los resultados de asedio hacia las mujeres y hacer seguros los autobuses con urgencia”, señaló la representante de ONU Mujeres Guatemala, Adriana Quiñones.

El estudio reclama que los espacios públicos de la capital deben ser más seguros, adecuarse a la convivencia pacífica y lugares de respeto.
Quiñones indicó que los sistemas de transporte deben promover una cultura de respeto y denuncia para erradicar el acoso.
La directora Municipal de la Mujer, Onelia Roca Álvarez, expuso: “Le apostamos a la transformación cultural de cómo vemos los temas. Trabajamos para erradicar la cultura machista en nuestra sociedad por medio de una relación de igualdad entre mujeres y hombres, y no de poder”.
La activista Victoria Novoa Buitrago advirtió que los resultados del estudio muestran que las mujeres viven en medio de una sociedad machista.
“Estas cifras demuestran una realidad muy grave, las mujeres de la ciudad de Guatemala no pueden ejercer libremente su ciudadanía. Hay doce horas al día que están vetadas, la noche está vetada para la mayoría de mujeres por inseguridad”, criticó Novoa Buitrago.
En el desarrollo del estudio participaron 250 mujeres de siete zonas de la capital que respondieron encuestas y fueron entrevistadas. El proyecto también fue apoyado por la Agencia Española de Cooperación Internacional.

visto en Prensa Libre el 11/12/2017.

El mito del “empoderamiento” de la mujer.

Por RAFIA ZAKARIA, 10 de octubre de 2017

Con solo 100 dólares puedes empoderar a una mujer en India. Esta módica cantidad, según el sitio web de la organización India Partners, le proporcionará a una mujer una máquina de coser de su propiedad, lo cual le permitirá dar el primer paso en su camino al empoderamiento.
O puedes enviarle un pollo. La cría de aves, según Melinda Gates, empodera a las mujeres en países en vías de desarrollo al permitirles “manifestar su dignidad y tomar el control”.
Si los pollos no son tu herramienta preferida de empoderamiento, Heifer International sí lo será, pues por 390 dólares le entregará una canasta empresarial a una mujer en África. La canasta incluye conejos, peces jóvenes y gusanos de seda.
La hipótesis que subyace tras estas donaciones es la misma: el empoderamiento femenino es un tema de índole económica que puede separarse de la política. Así pues, es posible que un benévolo donador de Occidente que ofrezca máquinas de coser o pollos resuelva el problema y libere, así, a las mujeres de India (o de Kenia, Mozambique o de cualquier lugar del Sur Global) de una vida de aspiraciones sin poder.
El empoderamiento no siempre fue sinónimo de paquetes de empresario emergente. Tal como Nimmi Gowrinathan, Kate Cronin-Furman y yo escribimos en un artículo reciente, las feministas del Sur Global comenzaron a incluir el término en el repertorio léxico del desarrollo a mediados de la década de los ochenta. Aquellas mujeres comprendían el “empoderamiento” como la tarea de “transformar la subordinación de género” y eliminar “otras estructuras opresoras”, así como la “movilización política” colectiva. Lograron parte de sus objetivos cuando la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, realizada en 1995, adoptó “una agenda para el empoderamiento de la mujer”.
No obstante, a veintidós años de esa conferencia, el “empoderamiento” se ha convertido en una palabra de moda entre los profesionales del desarrollo en Occidente pero se eliminó su aspecto más relevante: el de la “movilización política”. En su lugar queda una definición limitada y contrita expresada a través de la programación técnica que busca mejorar la educación o la salud, sin hacerle mucho caso a los problemas de equidad de género más profundos. Este “empoderamiento” despolitizado es positivo para todos, menos para las mujeres a las que supuestamente debe ayudar.
Al entregar pollos o máquinas de coser, las feministas de Occidente y las organizaciones para el desarrollo pueden identificar a las mujeres no occidentales que han “empoderado”. Pueden exponer a las depositarias de sus esfuerzos en conferencias y presentarlas en sitios de internet. Los profesionales del desarrollo pueden apuntar a las sesiones de capacitación, los talleres y las hojas de cálculo llenas de “productos finales” a modo de evidencia de otro proyecto exitoso de empoderamiento.
En este sistema no caben las complejidades de las depositarias. Las mujeres no occidentales son reducidas a sujetos mudos y pasivos a la espera de su rescate.
Veamos, por ejemplo, los proyectos de avicultura de la Fundación Gates. Bill Gates insiste en que, dado que los pollos son animales pequeños que pueden criarse cerca de casa, son muy apropiados para “empoderar” a la mujer. Pero los investigadores no tienen datos de que la entrega de pollos genere ganancias económicas a largo plazo, y mucho menos de que propicie la emancipación o la equidad para la mitad de la población.
Para mantener el flujo del dinero, la industria del desarrollo ha aprendido a crear medidas que indican mejoras y éxitos. Las estadísticas de USAID en Afganistán, por ejemplo, se concentran en la cantidad de niñas “inscritas” en escuelas, aunque su asistencia sea escasa o no siempre se gradúen. Los grupos que promueven la avicultura miden el impacto de los pollos a corto plazo y el aumento transitorio del ingreso familiar, en lugar de tener en cuenta los cambios sustanciales en la vida de las mujeres a largo plazo.
En esos casos, hay una tendencia a evadir la realidad de que, sin un cambio político, es imposible eliminar las estructuras que discriminan a la mujer y de que cualquier avance que se logre será insostenible. Los números nunca mienten, pero sí omiten.
En ocasiones, las organizaciones para el desarrollo vuelven invisible a la mujer con el fin de cumplir con sus discursos. Un trabajador que se encontraba con un grupo que lucha contra del tráfico de personas en Camboya le contó a una de mis colaboradoras sobre el video que una organización occidental realizó para recaudar fondos. Cuando se preparó a una mujer para el video, la rechazaron porque su imagen no correspondía con la de la sobreviviente desamparada que esperaban ver los donadores.
Cuando las mujeres no occidentales ya tienen identidades políticas sólidas, a veces se busca eliminar esa identidad, aunque eso signifique devolverlas a los roles de los que el empoderamiento debía rescatarlas. En Sri Lanka, una exmilitar del grupo Tigres de Liberación de la Patria Tamil le comentó a una colega mía que a muchas excombatientes les habían ofrecido clases de repostería, estilismo y costura. Una funcionaria del gobierno confesó que, a pesar de los años de programas de capacitación, ella jamás había visto que ninguna de esas mujeres viviera de ejercer esos oficios.
Es tiempo de cambiar el discurso del “empoderamiento”. Los programas de las organizaciones para el desarrollo deben evaluarse con base en su capacidad de permitir a las mujeres aumentar su potencial para la movilización política, de modo que puedan generar una equidad de género sostenible.
En el escenario global, un retorno a este modelo original de empoderamiento requiere que se deje de reducir a la mujer no occidental a su condición de víctima: la sobreviviente de una violación, la viuda de guerra, la niña novia. Debemos acabar con la idea de que las metas y las agendas del desarrollo deben ser apolíticas.
El concepto de empoderamiento de la mujer necesita un rescate inmediato y urgente de las garras de quienes buscan ser los salvadores de la industria para el desarrollo. En el núcleo del empoderamiento de la mujer yace la exigencia de una hermandad global sólida, en la que ninguna mujer sea relegada a la pasividad y al silencio, ni a que sus opciones se limiten a tener una máquina de coser o un pollo.

Rafia Zakaria es columnista de Dawn y autora de “The Upstairs Wife: An Intimate History of Pakistan”.

Visto en The New York Times

Guatemala y El Salvador asestan el golpe definitivo a los matrimonios infantiles

ASIER VERA SANTAMARÍA. Ciudad de Guatemala, a 29 de Agosto de 2017.

Como si se hubiesen puesto de acuerdo, Guatemala y El Salvador se sumaron la semana pasada a otros países de Centroamérica, como Honduras, Panamá y Costa Rica a la hora de prohibir los matrimonios infantiles que aún estaban vigentes en sus respectivas legislaciones. Todo ello para poner fin a una práctica que condenaba cada año a miles de niñas a contraer matrimonio con los violadores que las habían dejado embarazadas y que llegaban a triplicar su edad.

“No hay oportunidades para nosotras. No hay trabajo, ni estudio, ni apoyo psicológico cuando a uno le pasan estas cosas”, asegura una joven de Guatemala que se casó con 15 años. “Yo digo que antes de casarse hay que pensarlo bien. No todo es color de rosa. Una nunca sabe a lo que va. Yo casi no pregunté nada porque tenía miedo”, afirma una mujer de la etnia indígena Q’eqchí que contrajo matrimonio a los 17 años.

Estos testimonios, recogidos en el informe elaborado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), titulado Me cambió la vida: uniones tempranas, embarazos y vulneración de derechos en las adolescentes, pueden ser los últimos en Guatemala de mujeres que se casaron siendo menores de edad. Sobre esta realidad de la que apenas se habla en el país centroamericano puso la lupa el director guatemalteco Jayro Bustamante en su película Ixcanul, que cuenta la historia de una joven maya de 17 años cuyos padres la obligan a casarse con el dueño de la finca cafetalera en la que trabajan.

El fin de estas prácticas será posible gracias a la decisión del Congreso de este país centroamericano de abolir de manera definitiva el matrimonio infantil tras dar el visto bueno a un decreto, que sustituye a uno anterior aprobado en noviembre de 2015, que si bien aumentaba de 14 a 18 años la edad mínima de las niñas para poder casarse, un juez podía autorizar el matrimonio de menores si habían cumplido los 16.

Ello provocó que niñas que habían sido violadas y embarazadas fueran obligadas a casarse con su agresor, tal como señala a El Mundo Mirna Montenegro, directora del Observatorio de Salud Sexual y Reproductiva (OSAR), quien cita un caso de una menor de 16 años que se casó con un hombre de 59 tras ser autorizado por un juez, dado que ella había quedado embarazada. “El juez argumenta que la niña está en cinta y que, por tanto, el bebé tiene derecho a tener un papá, de forma que no se piensa en el derecho de la menor, sino de quien está por nacer”, denuncia.

Según datos del Registro Nacional de las Personas (RENAP), desde noviembre de 2015 hasta el pasado 3 de agosto, se han inscrito 2.221 matrimonios de adolescentes de entre 16 y 17 años y de ellos, solo 527 correspondieron a adolescentes hombres. Mientras, se registraron 1.115 casos de matrimonios de niñas, de entre 13 y 15 años, por debajo de lo que permitía la normativa derogada, frente a los 13 protagonizados por niños de esa franja de edad.

Los padres ya no tendrán la última palabra

Situaciones como ésta son las que se trata de evitar no sólo en Guatemala, sino también en El Salvador, cuya Asamblea Legislativa aprobó el mismo día que su país vecino poner veto definitivo al matrimonio infantil, después de que los diputados eliminaran un artículo del Código de Familia, que permitía a las menores de entre 12 y 17 años casarse si estaban embarazadas o tenían hijos en común, siempre que contaran con el consentimiento de sus padres o tutores. Ello se traducía en condenar a un gran número de niñas a casarse con sus violadores quienes de esta manera evitaban su ingreso en prisión, pese a que cualquier relación sexual con una menor de 15 años es considerada violación.

Así, en este país, 22.361 menores de esa edad viven con un adulto ya sea como matrimonio o relación no matrimonial, según la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples de 2016. Mientras, Unicef señala que dos de cada diez mujeres que tienen entre 20 y 24 años se casaron antes de cumplir la mayoría de edad, lo que representa, a juicio de esta organización, un grupo “extremadamente vulnerable”, dado que los matrimonios se traducen en que las jóvenes se convierten muy pronto en madres lo que las obliga a dejar los estudios.

Sólo en Guatemala, según datos del OSAR, se han contabilizado 36.000 embarazos en menores de 17 años entre enero y junio de este año. Asimismo, el pasado año se inscribieron en el padrón cerca de 80.000 nacimientos de madre adolescente y, de ellos, 2.500 correspondían a hijos de niñas de entre 10 y 14 años teniendo en cuenta que solo está permitido el aborto terapéutico que se aplica en caso de que la vida de la madre corra peligro. Además, una de las asignaturas pendientes en este país es elevar la edad mínima para mantener relaciones sexuales, ya que en la actualidad se sitúa en los 14 años.

Guatemala y El Salvador no son una excepción en el mundo, tal como constata Unicef, que cifra en 700 millones las niñas que han contraído en el mundo matrimonio antes de cumplir los 18 años, de las cuales 250 millones se casaron antes de cumplir los 15. Avisa que “si no hay progresos”, para 2030 casi 950 millones de mujeres se habrán casado siendo niñas.

En América Latina, el 24% de las mujeres que actualmente tiene entre 20 y 24 años contrajo nupcias antes de alcanzar la mayoría de edad, si bien en Centroamérica se ha empezado a hacer esfuerzos para evitar esta realidad tras la presión ejercida por las Naciones Unidas a través de ONU Mujeres y los fondos para la Infancia (Unicef) y la Población (Unfpa).

En Guatemala, el cambio más importante se produjo en 2009 cuando se modificó el Código Penal que indultaba a los violadores que se casaran con sus víctimas con independencia de la edad que ellas tuvieran. Se consideraba que con el matrimonio se salvaguardaba el “honor” de la familia de la niña, tal como recuerda la subsecretaria de la Mujer del Ministerio Público, Luisa Leiva, quien revela que solo en los seis primeros meses de este año se presentaron ante la Fiscalía un total de 3.681 denuncias por delitos sexuales contra menores.

Matrimonio infantil en centroamérica

El primer país centroamericano en aprobar una ley que prohíbe el matrimonio de menores de 18 años fue Panamá en abril de 2015, cuyo Parlamento modificó el Código de Familia que hasta entonces permitía casarse a las niñas de 14 años y a los varones de 16, siempre y cuando contaran con el aval de sus padres. Con ello se buscaba reducir las cifras de bodas infantiles, que afectaba al 26 por ciento de las niñas menores de edad. Sin embargo, ello no ha frenado la elevada cantidad de embarazos en niñas de entre 10 y 19 años, que se situó en 5.782 casos entre enero y julio, según el Ministerio de Salud.

El siguiente país en legislar fue Costa Rica, que en enero de este año elevó a 18 años la edad mínima permitida para casarse teniendo en cuenta que hasta entonces, las personas menores de 15 años podían contraer matrimonio con el permiso de sus padres, lo que se traducía en que una de cada cinco menores ya estaba casada cuando alcanzaba la mayoría de edad.

A continuación, Honduras se sumó a estas restricciones después de que el Congreso aprobara el pasado 12 de julio un Decreto que restringe los matrimonios a quienes alcancen la mayoría de edad que en este país se sitúa en los 21 años. Hasta entonces, el Código de Familia permitía que los chicos se pudieran casar con 18 años y las niñas a los 16 años con el consentimiento de sus familias o en caso de que estuviera embarazada. De acuerdo a un informe del Fondo de la Población de las Naciones Unidas publicado en 2012, en Honduras una de cada cuatro adolescentes de entre 14 y 19 años ha estado embarazada al menos una vez. Mientras, cuenta con la segunda tasa más alta en Centroamérica de matrimonios precoces, con un 34% en niñas menores de 18, según Unicef. Solo es superada por Nicaragua, con un 41% de mujeres que se han casado antes de alcanzar la mayoría de edad en un país donde sí que está permitido a partir de los 16 años siempre y cuando haya consentimiento de sus progenitores.

Visto en EL MUNDO

Diputadas de Guatemala buscan impulsar acciones legislativas a favor de las mujeres.

Democracia y desarrollo a través de la participación política de las mujeres”, fue el título del conversatorio realizado por el Foro de Diputadas al Congreso de la República, presidido por la legisladora Sandra Morán, de Convergencia, que se realizó en el Palacio Legislativo con el fin de fortalecer las acciones de las congresistas para mejorar la calidad de vida de las guatemaltecas.

El acto fue inaugurado por el presidente del Legislativo, Oscar Chinchilla, quien destacó la importancia de la mujer en campo de la política y de la vida cotidiana para fortalecer la democracia, con lo que se impulsa la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.

A la actividad también asistió el embajador de Suecia en Guatemala, Georg Andrén, así como diputadas de varias bancadas, representantes de la sociedad civil en el tema de género e invitados especiales.

Durante la actividad se develó la placa del Foro de Diputadas al Congreso de la República, con lo cual se reconoce la importancia del trabajo que realizan las legisladoras para impulsar acciones de inclusión de las mujeres en la política, tomando en cuenta que actualmente aún es poca la presencia femenina en los gobiernos locales y en los tres poderes del Estado.

La diputada Morán dijo que durante las charlas se dio a conocer que aún hay una gran diferencia entre los salarios de hombres y mujeres, así como baja participación femenil en la política. Según datos del Tribunal Supremo Electoral, solo el 25 por ciento de las candidaturas es femínea, el resto de puestos lo ocupan los hombres.

La actividad se realiza en la antesala de la celebración del primer año de la instalación del foro de diputadas, por lo cual se espera que durante los próximos meses se realicen más actividades para celebrar el aniversario. (Congreso Web, 02 jun 2017)

Visto en la web de Centro de Estudios de Guatemala en la primera semana de junio de 2017.

PRODUCTORAS DE VELADORAS Y CANDELAS DE CERA

Desde El año 2005, un grupo de mujeres, interesadas en el desarrollo integral de su Aldea, San Jorge La Laguna, decidieron formalizar su organización, estableciendo una junta directiva elegida por las mujeres comunitarias, para formar la comisión de la mujer de San Jorge La Laguna, grupo respaldado por la ley de Consejos de Desarrollo Urbano y Rural. En el año 2010, decidieron que emprenderían alguna actividad productiva, con el fin de generar algunos ingresos, para actividades formativas, recreativas y de beneficio para las mismas mujeres de la comunidad; luego del consenso, llegaron a la decisión de capacitarse en la actividad de elaboración de Veladoras, debido a que tienen en su aldea una iglesia antigua que recibe visitas de poblados cercanos. Con el entusiasmo puesto en las integrantes del grupo y el apoyo del COCODE y de ONG locales y extranjeras, lograron aprender y equipar el salón de usos múltiples de la aldea, con estufas y recipientes para elaborar el trabajo de veladoras.
A la fecha, las mujeres siguen organizadas y trabajando en su proyecto, debido a que la demanda de veladoras se ha establecido en la aldea a través de los años y son los/as mismos/as pobladores/as que fomentan la compra con las mujeres, situación que ha motivado para que el grupo siga unido y comprometido con este proyecto comunitario. La comisión de la mujer, que es un espacio abierto, permite renovar los cargos de junta directiva, por tanto, las mujeres que van asumiendo algún cargo en la comisión de la mujer, tienen como parte importante de su desempeño, el aprender a elaborar las veladoras y también enseñar a las mujeres que se incorporan a algún cargo.

Luego de varios años de experiencia y trabajo en torno a las veladoras, decidieron que aprenderían a elaborar candelas de cera de diferentes tamaños, para diversificar los productos ofrecidos y aprovechar el equipo y conocimiento ya adquirido a lo largo de los años, de esta cuenta es que en el mes de enero, solicitaron al Centro de Promoción y Desarrollo Rural de MAIZCA, poder apoyarles para desarrollar el taller, el cual fue ejecutado con éxito y entusiasmo de parte de las mujeres, quedando satisfechas y contentas con este nuevo aprendizaje, que no solo les generará mas ingresos, sino también, aporta al fortalecimiento organizacional de la comisión de la mujer de su aldea, para continuar con la tarea voluntaria de promoción y respeto de la igualdad de género en su comunidad.

 

Las Guatemaltecas que combaten la violencia con el teatro.

Las Poderosas son un grupo de mujeres, antaño víctimas de malos tratos y hoy actrices. Con sus obras quieren prevenir las agresiones y empoderar a otras en la defensa de su integridad y sus derechos

Zorayda GallegosSololá (Guatemala) 15 DIC 2015 – 16:07 CET

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Esto es una obra de teatro, pero representa claramente la vida en Sololá. En el patio de una vivienda, tres adolescentes varones hablan de las mujeres. “Todas son iguales, aunque estén casadas siempre andan buscando hombres”, dice uno de los actores. Frente a ellos, Lesbia —una mujer vestida con ropa deportiva y cabello suelto— les pide que hablen más fuerte. El ensayo termina y los participantes se toman de las manos para decir: “Todas y todos unidos contra la violencia”. Lesbia les pide repetir esa proclama final.

“Esa frase la tienen que decir con ganas. ¿Qué era lo que ustedes querían cambiar?”, les pregunta a los jóvenes de miradas tímidas mientras ellos permanecen en silencio. “Pues que no hubiera más violencia”, responde ella misma.

Es el último ensayo de la obra que habrán de presentar en una escuela de Panajachel, una ciudad del departamento de Sololá, en el altiplano guatemalteco, para conmemorar el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Lesbia participó con ellos en todo el proceso: primero les pidió hacer un listado de los problemas que veían en su comunidad, donde concluyeron que el machismo, los golpes a la mujer y el alcoholismo eran parte de su cotidianidad. Luego escribieron un guión y ensayaron durante tres meses.

Esta guatemalteca de 43 años está convencida de que con este tipo de actividades en los jóvenes se puede contribuir a que poco a poco disminuya el machismo en sus localidades. Por eso desde el 2011 trabaja con los adolescentes y las mujeres de la zona, en su mayoría indígenas, en talleres de género donde analizan el origen de la violencia, las consecuencias de ésta en sus hogares y lanzan propuestas para cambiar el triste panorama.

Lesbia vive entregada al teatro. Su tiempo lo pasa entre talleres, pláticas con mujeres y presentaciones. Ella es la coordinadora de Las Poderosas, un colectivo de teatro biográfico documental feminista conformado por un grupo de sobrevivientes de la violencia que arreció a principios de 2008. Sus integrantes, Lesbia Téllez, Telma Ajín, Rina Najarro, Adelma Cifuentes y Telma Sarceño, se conocieron en el 2007 en un centro que ayudaba a mujeres maltratadas, a donde acudieron a buscar apoyo psicológico y legal. Allí, el dramaturgo y director argentino Marco Canale las invitó a participar en una investigación de sus vidas y el resultado fue el documental llamado Hoy puedo ser.

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Después del documental, se representó una obra de teatro titulada Las Poderosas que se estrenó en 2010 y plasmaba las vivencias de cada una de ellas. En ella, Adelma contaba su lucha por la justicia tras perder un brazo en un atentado orquestado por su esposo. Telma escribía una carta a una madre con la que no pudo hablar y Lesbia se disfrazaba de luchadora para enfrentar a su enemiga interior. “Ese fue nuestro primer contacto con el teatro y de ahí nos empezaron a invitar a presentar nuestra obra. Las mujeres nos preguntaban qué hacer y nos dimos cuenta que el teatro era una potente herramienta para sensibilizar y lanzar propuestas de cambio”, cuenta Lesbia.

Con la ayuda del Centro Cultural España y la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECID) recibieron preparación personalizada en técnicas teatrales y presentaron su obra en España. En 2011, empezaron a impartir talleres y desde entonces han tenido presencia en ocho municipios del departamento de Sololá. Otro de sus más recientes logros es la conformación del grupo Las Poderosas de Sololá (2012) que han montado obras que buscan analizar las raíces del machismo y la violencia. Para realizar estas obras se contó con la financiación de la AECID en el marco del Convenio Construcción de Paz en Guatemala (2010-2014) que busca impulsar procesos de la prevención de la violencia y la consolidación de paz en el país.

Las mujeres nos preguntaban qué hacer y nos dimos cuenta de que el teatro era una potente herramienta para sensibilizar

Lesbia, miembro de Las Poderosas

Las Poderosas saben que su lucha no es cosa fácil. En Guatemala, la violencia de género registra una de las tasas más altas del mundo: 10 de cada 100.00 mujeres son asesinadas. En un informe de Human Rights Watch se advierte que la violencia contra mujeres y niñas es un problema crónico en este país centroamericano, y la gran mayoría de quienes cometen los actos nunca son juzgados. En tres años la cantidad de denuncias de violación y agresión sexual de mujeres y niñas se incrementó en más de un tercio, y en nueve de cada 10 de estos casos los responsables no fueron sancionados.

“Yo no podría vivir sin teatro, me apasiona, es una razón para vivir, y al compartir esto sé que ese mismo efecto de transformación y sanación que hizo en mí, lo va a hacer en otras personas”, dice Lesbia tras bambalinas, previo a la presentación que tendrán este 25 de noviembre en la capital de Guatemala, en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

En su último ensayo, las cinco mujeres y dos de sus hijas que también participan en la obra suben al escenario, se toman de las manos y cierran los ojos para pensar en esa razón importante que las tiene ahí. Luego dan dos pasos adelante, se abrazan y gritan: “Todas para una, y una para todas”.

Unos segundos después, la sala se invade de sonrisas sinceras.

visto en: elpais.com

Las Poderosas

Las Poderosas

      Las Poderosas Teatro son un colectivo de guatemaltecas que luchan contra la violencia de género contando su historia desde el escenario. Presentan su última obra, Naciendo y lanzan una campaña de vídeos virales, Luchadoras. Más información en ww.poderosas.org.

Las Poderosas 2

 

 

Reportage  de Roberto García y Rocío Gómez escuchado en La República Independiente de la Radio, Carne Cruda.

Pincha abajo para descargar la grabación.

CC 98 Las Poderosas (REPOR)

 

 

 

 

 

 

Mujeres referencia que cambian el mundo

Entrevista a la directora de documentales sobre mujeres, Mabel Lozano (@lozanomabel), por la periodista Beatriz Pozo (@bea_pozo)

 

Para Mabel Lozano6a00d8341bfb1653ef01b8d0e50715970c-550wi la trata de mujeres tiene un nombre, se llama Yamdy, Ana María o Ramona. Hace 10 años decidió dejar su carrera como actriz para dedicarse a dirigir documentales que sensibilizaran a la sociedad sobre este tema. Así, surgieron Voces y Escúchame. Su último proyecto Chicas Nuevas 24 horas, realizado con la ayuda de la asociación APRAMP, le ha llevado durante los últimos cuatro años a Argentina, Paraguay, Colombia y Perú, cuatro de los países con más víctimas de trata. Con motivo del Día Internacional de la Mujer, ha sido nombrada ganadora de la II edición del concurso Avanzadoras de Oxfam Intermón, que busca en España mujeres que avancen y hagan avanzar.

Eras actriz y modelo, pero lo dejaste todo para dedicarte a hacer documentales ¿Por qué lo hiciste?
Si de pequeña hubiera tenido referentes que fueran directoras de cine, lo hubiera hecho antes. Es muy importante tener referentes entre las mujeres para poder decir que podemos hacer de todo. Cuando yo empecé a trabajar como actriz y veía como dirigían a un monstruo como Fernando Fernán Gómez, yo quería ser el director, no su compañera. Eso siempre ha estado ahí. El detonante de ponerme detrás de las cámaras fue conocer de manos del proyecto Esperanza la realidad de las mujeres y niñas que son compradas y vendidas como bolsos y zapatos. Eso me hizo reaccionar y decir tengo que contar esta historia. Ese fue mi primer documental. Hace 10 años no se hablaba casi de trata, no se conocía, había esos topicazos de que la que es puta es porque quiere. Fue una suerte poder contar con amigos y compañeros que confiaran en que yo podría liderar un proyecto y un tema como este.

Esa idea de los referentes es la de Avanzadoras.
Claro, esa también es mi idea. Nos pasa en todo ¿Por qué no hay más mujeres en el deporte? Porque los grandes referentes son hombres Fernando Alonso, Nadal… Siempre se necesitan referentes. Nosotros tenemos una plataforma de mujeres cineastas que lo que hacemos es visibilizar la cultura a través de las mujeres y hecha por ellas. Somos el 50% de la sociedad, no se puede desperdiciar el 50% del talento. Además, es muy importante la pluralidad en todos los sitios. Las mujeres no podemos permitirnos estar en el tendido, tenemos que salir al ruedo.

Has dicho antes que la trata de mujeres era algo que hace 10 años se percibía en España como ajeno. ¿Eso ha cambiado?
Estamos contándolo desde muchos ámbitos todos los días. Es verdad que hay una doble hipocresía en la prensa, que por un lado denuncia y, por otro se lucra de los contactos, pero en general se sabe. En cualquier medio ves que con muchísima frecuencia se están deteniendo a redes que trafican con mujeres. Esas mujeres son captadas en sus países de origen bajo el engaño. Niñas y mujeres de entornos muy pobres, muy vulnerables. Son captadas en sus países de origen, pero son explotadas en el nuestro. Nosotros tenemos mucha complicidad. Es cierto que en sus países de origen no tienen una oportunidad, no tienen acceso a la cultura o la información y eso les hace ser muy vulnerables a los engaños y a los oportunistas que quieren ganar dinero con la venta de seres humanos, pero son explotadas en países como el nuestro. Es un delito que se rige por una única ley, la ley de la oferta y la demanda. Si no hubiera oferta, no habría demanda.

Ese tema, el de los clientes, lo trataste en tu documental Escúchame. ¿El cliente es consciente que esas mujeres están ahí obligadas?
Para eso hacemos documentales como Voces o Escúchame o Chicasnuevas24horas. Son acciones de sensibilización. Imaginamos que muchos lo saben, pero también por eso hay que hacer un trabajo de educación en los países como el nuestro, llevando estos trabajos a los institutos, universidades, etc. Mostrándole esa realidad a los chicos, que son los presentes y futuros consumidores, para que sepan que este delito con el que convivimos es una violación de todos los derechos humanos. El cliente, que es un prostituidor, consume y demanda mujeres cada vez más jóvenes y cada vez más niñas. Por eso vemos que el rostro de la trata se está convirtiendo en el rostro de niñas.

Esa educación viene, por tanto, de dos partes. Allí y aquí.
Son diferentes formas de educar. Aquí hay que educar en la igualdad y en el respeto en los institutos y en la universidad. En sus países de origen lo que hay que hacer es educar llevándoles a la escuela y que tengan la oportunidad de tener acceso a la cultura, a la información. Yo tengo una hija de 13 años y deseo para ella lo mismo que para Yandy, una de las protagonistas de mi documental, que tiene 14 años y es una víctima de trata con fines de explotación sexual. Yandy no tiene ni los mismos derechos ni las oportunidades que mi hija solamente por haber nacido en aquel lugar y no en este. Yo lucho porque tenga los mismos derechos. Volvemos a lo mismo, la educación, dale una niña un lápiz y cambiaras el mundo, porque harás que ella diga no.

Estas mujeres con las que has hablado logran superar en algún momento lo que les ha pasado.
Es muy duro salir de allí. Hay muchas ONG que trabajan en ello, pero lo más importante es que estas mujeres no pueden regresar a sus casas porque las personas que les han captado siguen allí, porque, al enterarse de donde vienen, sus familias o sus tribus suelen relacionar la trata con la prostitución, no con lo que es, una violación de derechos humanos. Muchas mujeres no pueden volver a sus familias porque no las aceptan y porque la persona que le ha captado sigue ahí, con lo cual el riesgo de volver es tremendo. Si se quedan en países como el nuestro, si no tienen un trabajo digno es muy difícil y el proceso de recuperación es muy largo y complicado

A la hora de contar lo que les ha pasado, la clave debe ser el miedo, miedo a que las deporten, miedo a que las pillen…
Claro, porque todo el mundo las utiliza. Las utiliza el que las capta, las utiliza el que las explota, las utiliza el gobierno para que denuncien. Por supuesto, que tienen miedo. Estas mujeres muchas veces han dejado a sus hijos en los países de origen y el que la ha captado sigue operando ahí. Siempre hablamos de cifras de mujeres que han salido o denunciado, pero esas son solo la punta del iceberg. Hay miles de mujeres más que no lo pueden contar, ni han salido porque realmente ponen en riesgo a su familia y a sus comunidades. La recuperación, el proceso de la normalización de estas mujeres a recuperar sus derechos y su vida, es largo, costoso, difícil y a veces imposible, claro.

Nota de los autores:
Esta entrevista es nuestra forma de celebrar el día internacional de la mujer, un colectivo mayoritario que sigue enfrentándose cada día a discriminaciones de todos los tipos y magnitudes. Desde aquí deseamos a todas la mujeres que como Mabel se atrevan a romper estereotipos y a convertirse en avanzadoras, mujeres que avanzan y hacen avanzar. Feliz día de la mujer.

visto en El Pais 3500 Millones

Parcelas Grupales Sostenibles.

Con este proyecto se quiere capacitar y poner en marcha en grupos organizados, 15 parcelas integrales sostenible, distribuidas en tres municipios: Sololá, San José Chacayá y Santa Lucía Utatlán.

parcelas sostenibles

Recorrido en la Parcela de Don Cristóbal López, Aguacatan.

 

Firma de la carta de compromiso, para la ejecución del Proyecto  en San Isidro.

Firma de la carta de compromiso, para la ejecución del Proyecto en San Isidro.

Establecimiento de hortalizas del grupo de Ciénaga Grande, Santa Lucía Utatlán.

Establecimiento de hortalizas del grupo de Ciénaga Grande, Santa Lucía Utatlán.

Establecimiento de frutales en la parcela del grupo de San Isidro, Sololá

Establecimiento de frutales en la parcela del grupo de San Isidro, Sololá

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Siembra de hortalizas en las parcelas de los grupos de Chaquijyá, Sololá y Ciénaga Grande, Santa Lucía Utatlán.

Siembra de hortalizas en las parcelas de los grupos de Chaquijyá, Sololá y Ciénaga Grande, Santa Lucía Utatlán.

 

Incorparación  de ceniza en la parcela del grupo Bella Vista, Santa Lucía Utatlán.

Incorparación de ceniza en la parcela del grupo Bella Vista, Santa Lucía Utatlán.

Mejoramiento de lombricompostera en Cuimanzana, San José Chacayá

Mejoramiento de lombricompostera en Cuimanzana, San José Chacayá

Mujeres de Cienaga grande, Santa Lucía Utatlán, cosechando rábanos

Mujeres de Cienaga grande, Santa Lucía Utatlán, cosechando rábanos

Cosecha de rábanos

Cosecha de rábanos

Desmalezado en los tablones de coliflor, lechuga y apio en las parcelas

Desmalezado en los tablones de coliflor, lechuga y apio en las parcelas

Taller vivencial sobre el establecimiento de plantas Frutales

Taller vivencial sobre el establecimiento de plantas Frutales

Taller formativo

Taller formativo

Recorrido y charla en la parcela de don Santos Saloj Guarcáx

Recorrido y charla en la parcela de don Santos Saloj Guarcáx

Mujeres de Chaquijyá y San Isidro, Sololá cosechando lechugas

Mujeres de Chaquijyá y San Isidro, Sololá cosechando lechugas

Charla sobre parcelas integrales sostenibles en Sololá.

Charla sobre parcelas integrales sostenibles en Sololá.